La venganza de Passolini.

"Pompón/Colita/Rabito/Dientín/todos/apilados/en la alacena/en frascos/al escabeche"
-Franco Aguirre Benotti-

Passolini es un conejo gris, del tipo Gigante de Flandes, de tres años conejos de edad.
Belén tiene treinta y cinco años y trabaja de preceptora en un colegio secundario del centro de la ciudad.
Todos los días Belén se despierta a las seis de la mañana, se baña, se viste de preceptora y desayuna con Passolini escuchando la radio para estar al tanto de las noticias del día. Después le sirve comida a Passolini para el resto de la mañana y sale a tomar el colectivo que la lleva hasta el centro.
Passolini entonces queda solo en la vivienda. De a ratos se entretiene viendo la tele que Belén siempre le deja encendida en el canal de los dibujos animados. A veces juega a perseguir su sombra hasta caer rendido del agotamiento. Otras veces sólo se dedica a dormir durante toda la mañana en distintas partes de la casa aprovechando los cambios de espacios para ir hasta su plato a comer algo.
Cuando llega Belén, siempre después del mediodía, lo primero que hace es poner el agua para tomar mate, desvestirse y llamar a Passolini silbando la misma canción que le cantó para tranquilizarlo el día que su prima Alejandra se lo regaló después de haberlo rescatado de ser parte de un almuerzo familiar de verano.
Esta vez Passolini tarda en responder al llamado de Belén. Cuando por fin aparece ella lo levanta, lo besa, lo acaricia, le pregunta si la extrañó y lo recuesta con ella a su lado en la cama mientras espera que el agua esté lista.
De un momento a otro Belén se queda profundamente dormida, fin de año se acerca y en estas épocas el trabajo de preceptora se hace más pesado.
El agua en la cocina hierve y Belén sigue dormida.  Passolini la observa con ternura,  se acerca a ella,  mueve las orejas y la huele como queriendo guardar la mayor cantidad posible de su olor. Se acerca al cuello desnudo de Belén, despacio para no despertarla, y de un sólo movimiento cientos de veces ensayado en soledad le clava los dientes.
Belén se desangra, quiere gritar pero la mordida fue hecha con precisón en el lugar indicado para ser fatal. Las sábanas blancas se convierten en una laguna roja.  Después de unos minutos, eternos, la cama se queda definitivamente quieta.
Todo es silencio.
Solo la pava en la cocina silva.

Passolini salta de la cama al suelo, se limpia los bigotes, sacude las orejas como si nada hubiese pasado, y se va al living a ver la tele que como todos los días Belén le dejó encendida en el canal de los dibujos animados.

2 comentarios:

ciruela dijo...

passolini es un gran nombre para un conejo. o es un gran nombre y punto

pablo espinoza dijo...

es un gran nombre, definitivamente.