sangre.

No es sexo
ni amor.
Dos pájaros están matándose en la ventana de mi taller.
Lo que al principio parecía un juego inocente o baile nupcial resultó ser una pelea a muerte.
Ahora se sujetan con las patas
se clavan los picos en el pecho
en los ojos
en la espalda
en la nuca.
Ahora vuelan plumas y salta sangre manchando los libros que dejaste sobre la mesa.

Hace dos semanas que no sé nada de vos.

Ahora en mi ventana dos pájaros se matan
y no hago nada por separarlos.
Sólo me quedo viendo cómo la naturaleza sigue su curso.
Con el teléfono cerca por si llega algún mensaje.

2 comentarios:

Pou dijo...

me encantan tus poemas, así, sin más.

pablo espinoza dijo...

gracias.